jueves, 9 de octubre de 2014

La doctrina de la culpa

A estas alturas todos conocéis el famoso libro de Naomi Klein (2007) "La doctrina del shock", en el que se inspiró Michael Winterbottom para rodar el documental homónimo (2009). La tesis que proponía es que el capitalismo y su liberalismo económico se apoyan en desastres ocurridos (naturales o políticamente provocados) para legitimar las reformas socioeconómicas más impopulares y desfavorables a las clases trabajadoras. Según la autora, esta doctrina empezó a aplicarse para impulsar el neoliberalismo y sus recortes masivos de la protección social, en la década de los 70, y su pistoletazo de salida fue el Golpe de Estado de Pinochet en Chile. A lo largo del libro, abundan los ejemplos de cómo el capitalismo se aprovecha de las catástrofes para fortalecerse y agrandar su campo de actuación: desde la Guerra de las Malvinas para Margaret Tatcher hasta el 11-S, la invasión de Irak y el huracán Katrina para George W. Bush. El mismo esquema ha estado siguiendo el Partido Popular en España y otros gobiernos en otros países desde que se proclamó la existencia de una crisis económica mundial generalizada. No les queda más remedio que recortar los derechos sociales de la población debido al gran desastre económico que estamos atravesando. No es culpa suya.

Y es ahí donde creo que está la clave, en la culpa. No es suficiente con que el gobierno se presente como un médico que tiene que tomar la drástica decisión de amputar un miembro de su paciente ante el avance de un tumor imparable para salvarle la vida. No, va más allá de la teoría del desastre y la terapia de choque que lo sigue. El gobierno se presenta ahora a sí mismo como un padre o un Dios Todopoderoso que se ve obligado a castigar a sus hijos por haber hecho algo mal, por haber cometido un pecado, para resolver los problemas que han provocado con su conducta o directamente salvar su alma. El clásico "me duele más a mí que a ti, cuando seas mayor lo entenderás, o cuando resucites al tercer día". La culpa no es de los gobernantes ni de las élites económicas que lideran y controlan el sistema, por supuesto, pero tampoco de la mala suerte o la casualidad, como se entiende que suelen venir provocados los desastres. La culpa es nuestra, de la gente corriente, de los trabajadores y de los que no trabajan porque no tienen trabajo al que ir, de los que a duras penas consiguen pagar su hipoteca y de los desahuciados que ya no tienen casa que pagar ni en la que vivir.

El liberalismo económico, y su mutación neoliberal más reciente, se basa en el individualismo y el libre albedrío de todos los individuos: todo el mundo persigue su propio beneficio y toma las decisiones que considere pertinentes para obtenerlo. Según esta teoría, el mercado, regido únicamente por la que consideran casi como ley natural o física de la oferta y la demanda (y nunca jamás por señores y corporaciones que especulan, ojito), pone a disposición de todo el mundo la riqueza existente, y es cosa de cada uno si consigue una porción de la misma o no. Que es lo mismo que decir, si eres pobre, es que tú mismo te lo has buscado, pues no has invertido, emprendido, ahorrado, trabajado o discurrido lo suficiente. ¿Os suena de algo?

Claro que sí, porque os lo están repitiendo hasta la saciedad desde patronales, direcciones empresariales e instituciones políticas desde que comenzó la crisis económica, primero presentada como inevitable tragedia griega y ahora como plaga bíblica en respuesta a vuestra conducta pecaminosa.

Si la burbuja inmobiliaria ha estallado, es porque comprabais casas que sabíais que no podíais pagar. Si vuestro jefe no os paga lo que os debe, es porque cobráis demasiado para lo poco que producís. Si no tenéis trabajo, es porque no lo buscáis con suficiente ahínco. Os inventáis enfermedades para cobrar subsidios. Pretendéis obtener becas sin sacar las mejores notas posibles. Os creéis que la prestación del paro es un derecho que os habéis ganado con vuestros años trabajados. Con la que está cayendo. Por eso lo llaman "disfrutar del paro", porque os encanta. Qué vicio tenéis.

Tanto, que pretendéis también "disfrutar" de días de permiso si se os muere u hospitalizan a un familiar, de vacaciones retribuidas y de permisos de maternidad/paternidad. La culpa es de las mujeres que tienen la maldad de quedarse embarazadas para cuidar de sus hijos como es debido y así tener la excusa infalible para disminuir su rendimiento laboral. Qué brujas. Peores que Eva cuando mordió la manzana  Que no os enteráis, que la empresa privada es el Dios omnipresente, pero vuestra vida privada es pecado.

Si la sanidad pública está colapsada, también es culpa vuestra y de otro vicio que tenéis, el de ir demasiado al médico. Por eso no les queda más remedio que privatizar la sanidad, para que os controléis un poquito ante la disyuntiva de tener que pagar las consultas. Lo mismo pasa con la justicia, os cobran tasas porque tenéis la absurda manía de recurrir al sistema judicial para reclamar lo que os pertenece o defenderos de los abusos. No tenéis mesura.


Todos los considerados exabruptos, "boutades" o salidas de tono de los actuales representantes políticos y empresariales españoles responden a ese tipo de discurso, cimentado en lo que se podría llamar perfectamente "doctrina de la culpa". No son comentarios gratuitos, salen de un argumentario que tiene su origen en el más básico liberalismo económico, sin más. Si los ciudadanos nos convencemos de que realmente hemos "vivido por encima de nuestras posibilidades", y buscamos culpables entre nosotros mismos (funcionarios, personas dependientes, inmigrantes, parados, becarios, amas de casa, mujeres embarazadas...), acabaremos aceptando como consecuencia inevitable y freno necesario a nuestro negligente comportamiento todos los recortes y las reformas impuestas por decreto, y además estaremos demasiado ocupados increpándonos los unos a los otros como para rebelarnos unidos contra el poder establecido. 

Coged aire, que me he permitido recopilar "unas cuantas" de esas declaraciones con las que nos bombardean a diario, para refrescaros la memoria de golpe (a ver si esta terapia de choque también funciona y por casualidad pongo mi granito de arena para que salgáis a la calle en tromba). 

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno: "Hemos comprado a crédito segundas viviendas y viajes al Caribe...")
María Dolores de Cospedal, secretaria general del Partido Popular: "Nuestros votantes dejan de comer antes de no pagar la hipoteca".
Teófila Martínez, alcaldesa de Cádiz: "Hay gente que pide ayudas para comer y tiene una cuenta en el Twitter, que cuesta dinero".
La diputada del PP en las Cortes Valencianas, Pilar Sol: "Hay casos de familias en situación de necesidad que utilizan la prestación de 400 euros para comprarse una televisión de plasma"/ "La consellería no es una ONG para repartir dinero a diestro y siniestro".
El secretario de Administraciones Públicas, Antonio Beteta: "Los funcionarios tienen de olvidarse del cafelito y de leer el periódico".
La diputada del PP, Andrea Fabra: "Que se jodan", sin más.
El presidente de la patronal, Juan Rosell: “Los funcionarios, mejor en casa que consumiendo papel y teléfono” /"Hay quienes no tienen intención de trabajar y se apuntan como los amos y amas de casa cuando han visto en la crisis posibilidad de obtener alguna cosa".
El presidente de Mercadona, Juan Roig: “La crisis durará más o menos dependiendo de si los españoles cambiamos nuestra actitud y pensamos más en nuestros deberes y más en nuestros derechos” / "Cada vez hay más bazares chinos en España porque hacen la cultura del esfuerzo que nosotros no hacemos”. / “Estoy totalmente de acuerdo con la reforma laboral, tenemos que desincentivar el paro, hay mucho trabajo posible. En España nadie recoge la fresa, son todos extranjeros”.
La presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica de Oriol: "Esa protección de la mujer la desvincula del alineamiento con los intereses de la empresa y la desconecta del esfuerzo diario. Si una mujer se queda embarazada y no la puede echar durante los once años siguientes a tener a su hijo, ¿a quién contratará el empresario?" / "El subsidio por desempleo genera parasitismo, nadie acepta un trabajo si tiene por delante dos años de prestaciones".

No están todos los que son, pero son más que suficientes botones para esta vomitiva muestra de que la doctrina de la culpa lleva años en marcha y está funcionando, como al maltratador le funciona hacer creer a su víctima que ha hecho algo malo y que por eso merece sus golpes, como al violador le funciona hacer creer a la agredida que ella ha sido la que lo ha provocado, como al abusador de menores le funciona hacer creer al niño inocente que se ha portado mal, como a la Iglesia le funciona la falacia del pecado original y que los creyentes entonen en cada misa el "mea culpa". 

Es esa doctrina de la culpa de la que echa mano el capitalismo la que también está detrás de que de cada negligencia de las administraciones públicas o de las grandes corporaciones, curiosamente, el culpable final resulte ser siempre un miembro de la clase trabajadora, y que los dirigentes del sistema siempre se vayan de rositas. Es la que ha hecho posible que el único condenado tras el naufragio del Prestige y su consiguiente desastre natural fuese el capitán del barco o que el único imputado actual por el accidente del Alvia en Angrois sea el maquinista.

Es la mismísima doctrina de la culpa la que ha permitido que hoy mismo el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid haya salido ni corto ni perezoso a acusar directamente a la auxiliar de enfermería que atendió voluntariamente al cura y al misionero repatriados con ébola de ser la única culpable de su contagio y de haber mentido al respecto. No ha tenido vergüenza en afirmar que lo de que la mujer haya mentido es de su cosecha propia, pero me temo que es mucho más que eso, es parte del único protocolo eficaz que este Gobierno parece ser capaz de poner en marcha en la gestión de cualquier crisis, el de echarle la culpa a las mismísimas víctimas, que somos ni más ni menos que tú y yo, TODOS NOSOTROS. La clase trabajadora, el último de la fila (de la del paro, de la del comedor social, de las listas de espera de Sanidad, de las listas para las plazas de empleo público, etc.). Es lo que ha hecho posible que de un día para otro a una profesional que hacía su trabajo lo mejor que podía o sabía, se le desbarate por completo la vida, se la desprecie por ser una simple auxiliar, se la difame en los medios de comunicación y se sacrifique sin contemplaciones a su perro. Porque no, Excalibur no es sólo un perro, es mucho más que eso, es un símbolo de que pueden y nos están quitando todo lo que es nuestro a su antojo. Y seguirán hasta lo que den de sí su tan bien orquestada doctrina de la culpa y nuestras tan bien dilatadas tragaderas.

P.D: En este enlace podéis recrearos con la sarta de flores que el Consejero madrileño de Sanidad le ha soltado a la auxiliar de enfermería en menos de 24 horas. Para que las suméis a mi recopilación.


viernes, 20 de junio de 2014

No quiero tener un millón de amigos (...y así más fuerte poder molar)

Me considero una chica simpática. De trato agradable. A la que le encanta bromear. Y me considero una chica extrovertida. Quizá a veces demasiado, porque no sería la primera vez (ni la última) que ser simplemente tal como soy y decir abiertamente lo que pienso, me trae problemas.

Pensándolo bien, ¿qué tipo de problemas? Problemas sociales. Que le deje de gustar a alguien por pensar y actuar de forma distinta a la suya. Que alguien no me vuelva a llamar porque no me amoldo a sus estándares. Distanciarme de personas que no me entienden ni quieren hacerlo. ¿Es esto un problema? Pues va a ser que no. 

Y es que no dejo de tener la sensación de que la gente a mi alrededor (y yo misma en muchas épocas de mi pasado) está obsesionada por agradar a todo el mundo. Por encajar en un grupo. Por coleccionar amigos. Entiéndase "amigo" por una persona con la que salir por ahí o por componente de una pandilla, porque está claro que la amistad de verdad es un bien preciado debido a su rareza. Coleccionar amigos por decenas es, en esencia, imposible. Ya no digamos gustar a todos. En masa. ¿Y para qué necesito un amigo con el que no puedo ser yo misma?

Tenemos que asumirlo. Todos le caemos mal a alguien. Es más, todos le caemos mal a más a de una persona. Y de dos. Por un motivo o por otro. Justificadamente o no. Ni siquiera se tiene que justificar algo tan personal como que una persona sea de tu agrado o no. No me gustas y punto. No me gusta tu tono de voz. O tu expresión. O tus ideas. O cómo hueles. Simplemente no me gustas y no lo puedo evitar.

Y no pasa nada. Porque no estamos obligados a pasar tiempo con alguien que no nos cae bien. No está escrito en ningún libro. No hay ninguna ley que establezca que debemos reírnos de los chistes que no nos hacen gracia. Ni que hay que aguantar la halitosis de nadie. Ni siquiera comentar el tiempo en el ascensor con el vecino.

Muchos apelarán a las reglas no escritas de la educación. La cortesía. Ser educado no cuesta nada. Pues os diré una cosa. Hay días que ser educado cuesta. Y mucho. Hay mañanas en las que no me levanto con ganas de sonreír a cada persona que se me cruza. Ni de saludar a quien no conozco. Hay días en los que simplemente no estoy para conversaciones intrascendentes.

¿Por qué? Pues porque en la vida pasan cosas. Cosas que duelen. Y cuando pasan, tener que disimular tu malestar o fingir que te alegras de haberte encontrado con tal o cual persona es simple y llanamente una crueldad. En esos momentos, no hay mayor tortura que verse forzado a practicar la función fática del lenguaje y la risa falsa con otro ser humano. ¿Cómo te va la vida? Pues mal, ¿de verdad quieres que te lo cuente? O bien, pero con ciertos problemas, espera que ahora mismo te los enumero. Ve a buscar una silla que te va a hacer falta. ¿Quién ha preguntado alguna vez "¿Qué tal?" esperando realmente una respuesta sincera o con el deseo de escuchar? Pues vuestra madre, vuestra pareja, quizá vuestro hijo a la edad adecuada, o vuestro mejor amigo. El resto seguro que no.

Ese hablar por hablar es una de las grandes maldiciones de la condición humana. Los animales tienen la suerte de no tener que hacerlo. Se huelen los culos unos a otros y a otra cosa, mariposa. No sé por qué le tenemos tanto miedo al silencio. Por qué nos sentimos impulsados a rellenarlo compulsivamente. Por qué tenemos que ser amables con todos. Incluso con quien realmente no lo merece. Por imperativo categórico.

Claro, el ser humano es un "animal social". NECESITAMOS RELACIONARNOS. ¿Siempre? ¿En todo momento y en todo lugar, como dirían en misa? No lo tengo claro. Y el refranero de toda la vida tampoco. De ahí la sabia frase "mejor solo que mal acompañado". Pero las convenciones sociales nos obligan a formar parte de grupos desde la más tierna infancia. Y a interactuar más allá de nuestras necesidades emocionales.




¿Has hecho suficientes amiguitos en el cole? ¿Te has apuntado a actividades extra escolares? ¿Tienes pandilla? ¿Eres popular? ¿Te han invitado a "esa" fiesta? La obligación de socializar va evolucionando con el paso del tiempo, por distintas etapas de inmersión forzosa: desde la guardería al trabajo.




Por eso asistimos a cenas de empresa o a eventos corporativos. Por eso aceptamos invitaciones de boda por compromiso. Por eso soportamos comidas familiares con personas a las que en el fondo hasta odiamos, por mucho que compartamos con ellas árbol genealógico. Por eso sonreímos y regalamos en Navidad. Por eso aceptamos solicitudes de amistad en Facebook de gente que sabemos que solo quiere cotillear nuestras fotos. Por eso nos esforzamos en ser el alma de la fiesta aunque por dentro estemos rotos. Por eso, más de una vez, nos pasamos con el vino para poder pasarlo bien.

Por pura obligación. Porque de lo contrario seremos tachados de raros, maleducados, bordes. El rebaño discrimina a aquel que no se integra, que no sigue las normas, e incluso se le llega a patologizar. Es un autista. Un asocial. No habla. No cuenta su vida. No sale de fiesta. Perdonad, a lo mejor no os habla a vosotros en concreto, ni quiere contaros a vosotros su vida ni salir de fiesta en vuestra compañía. Quizá con la persona adecuada haga todo eso y más, y para otros sea la persona más sociable y conversadora del mundo.

En serio, tenemos derecho a elegir. A ser muy selectivos con la gente que queremos compartir nuestra vida. Nuestros momentos de ocio. Incluso nuestros momentos de desesperación. Y más vale que lo hagamos. Por nuestro bien. Pues no se me ocurre nada más doloroso que tener un millón de amigos y quedarte solo cuando más los necesitas. 

martes, 3 de junio de 2014

Estoy gorda, ¿y qué?

Ni rellenita. Ni rechoncha. Ni regordeta. Ni oronda. Ni fuerte. Ni corpulenta. Ni hermosa. Ni voluptuosa. Ni rolliza. Y menos gordita. GORDA. Ni más ni menos. ¿Es que no se puede decir esta palabra?

Y es que lo peor que le podéis decir a una chica que está gorda es que no lo está. Así se lo hizo saber hace poco la maravillosa actriz Sarah Baker al también maravilloso cómico Louis C.K. en la escena final de uno de los capítulos de la cuarta temporada de Louie (serie que deberías ver si no la estás viendo ya, si quieres ser un poco más sabio y un poco menos miserable), escrita y protagonizada por el segundo, con un brillante y demoledor discurso en respuesta al "Tú no estás gorda" de rigor tras ella haber bromeado sobre su gordura y su dificultad para ligar.   

No hay forma de reproducir ese momento sin desmerecerlo. Tenéis que verlo con vuestros propios ojos. 




¿Y por qué hace tanto daño un "Tú no estás gorda" cuando sí lo estás? Por muchas razones. La primera, porque te ha costado toda la vida aceptarlo. Aceptarte tal como eres. Muchas horas de lágrimas por no entender que alguien te rechazase de plano simplemente por no tener una talla concreta. Muchas horas para aprender que vales más que lo que pesas. Muchas horas de entrenamiento para conseguir mirarte al espejo sin cerrar los ojos o para conseguir mantener la cabeza alta a pesar de las miradas y los cuchicheos. Demasiado tiempo de tu vida invertido para llegar a la conclusión de que sí, estás gorda, pero eres mucho más que eso, como para que venga ahora un simpático a decirte que todo eran imaginaciones tuyas. Negación, no, gracias, valga la redundancia.

Hace daño porque es un acto de lástima. Pobrecilla, está gorda. Evitar a toda costa la palabra gorda es imprimirle de por sí un significado negativo y despectivo. Qué maja es, es una pena que esté gorda. Es asumir de antemano que una persona gorda no puede (ni debe, ¡está gorda!) ser feliz. Tener kilos de más es malo de por sí. Admitir que alguien los tiene es ofender. Pues no, o no debería. No es más que una descripción, un adjetivo. Como alto o bajo, rubio o moreno. Gordo o delgado. Esa palabra no debe tener el poder de definirnos como personas, ni de limitar nuestra vida. Hacer como que la palabra gorda no existe le otorga precisamente ese poder. 

Y sobre todo hace daño porque decir que la otra persona está gorda, es lo mismo que decir que estás con una persona gorda (si es una cita, o es tu pareja). Que te gusta "una gorda". Y no quieres admitirlo. Te avergüenzas de ello. La gente va a pensar que no puedes aspirar a algo "mejor". Mira el pringado ese, de la mano de la gorda. Sí, el hecho de que alguien prefiera que no lo vean contigo porque estás gorda es lo que más duele. Duele más que los comentarios patéticos que puede provocar en ciertas personas que os vean pasar juntos (véanse: "Debe ser muy buena persona si sale con esa gorda" o "Si esa gorda tiene ese novio debe ser porque la chupa muy bien" y otras lindezas).

Pues no sintáis pena de las gordas, y los gordos, por el simple hecho de que lo estén. Os voy a contar un secreto. Hay gordas y gordos que son felices. De hecho, hay gordos y gordas que son más felices (y mucho) que vosotros. Gordas con éxito profesional. Gordas que conquistan a tíos buenos. Gordas absolutamente sexys. Gordas que son amadas por sus parejas. Gordas que no están siguiendo una dieta frustrante tras otra. Gordas que no intentan ocultar su gordura. Gordas a las que no insultarás si las llamas "gorda". Gordas que lucen vestidos ceñidos en Mad Men mejor que muchas modelos.


Voluptuosa, no, gorda, y de las que quita el hipo 

También es duro estar gorda. Ser una "fatty girl in a barbie world". No caber en las tallas establecidas como "normales". Que por tus medidas te cataloguen de "especial". Es fácil ser infeliz por estar gorda. Pero no por el hecho en sí mismo, sino por cómo te hacen sentir los demás con su actitud despreciativa o condescendiente. Son cosas diferentes. Y cuando uno aprende a superarlo, y es capaz incluso de bromear sobre ello, lo mínimo es que le dejen hacerlo en paz. ¿Es que todo el mundo puede llamarte gordo menos tú mismo? Pues vaya injusticia, ¿no?

Mi madre está gorda. Desde que yo soy pequeña, siempre lo ha estado. Sufre de un hipotiroidismo galopante. Y crecí respondiéndoles a todos los que decían en algún momento que mi madre estaba gorda que eso no era así. No quería que mi madre sufriese por eso. Yo había aprendido en el cole, viendo a otros niños insultar al gordo de la clase, que estar gordo era lo peor que te podía pasar. Y no quería que le pasase a mi madre, la persona que yo más quería en el mundo. Así que me pasé parte de mi infancia cosiendo un traje del emperador de delgadez para mi madre.

Pero fui creciendo, y fijándome en la habitual sonrisa de mi madre. En su natural buen humor. En cómo mi padre la miraba. Sí, con amor y con deseo, porque también se puede amar y desear a los gordos. (Y os diré que también crecí oyendo a menudo ruidos extraños que provenían del dormitorio de mis padres. Y creo que esa ha sido una de las mejores enseñanzas de mi educación sentimental: el matrimonio no está reñido con el sexo, ni el amor con el deseo, incluso después de tropecientos años de casados. Mis padres son la prueba. Y estoy orgullosa de ello).

En fin, que me di cuenta de que, problemas de salud a parte, estar gorda no era un problema real para mi madre. Y no tiene por qué serlo para los demás. A pesar de lo mal que lo puedan haber pasado por diversas circunstancias, no sintáis lástima por defecto por cada persona gorda que conozcáis. Se puede ser gorda y partir la pana. Para muestra, otro botón, el de Rae Earl, la adolescente gorda (y algo desequilibrada) de My Mad Fat Diary, otra serie que ya estáis tardando en ver, basada en el diario personal de una escritora homónima de éxito en Gran Bretaña. Rae es más ingeniosa que la media, sabe mucho más de buena música que cualquiera y se va a llevar de calle al guapo de la pandilla. Y sí, ha sufrido, incluso se ha autolesionado, y le ha costado recuperar su autoestima. Pero es la puta ama, y dejará de tener miedo de serlo, de evitar destacar por sus virtudes para que nadie repare en su gordura. 


Rae Earl es la "enorme" protagonista de My Mad Fat Diary


Yo tampoco soy una sílfide. Pero, para qué nos vamos a engañar, nunca lo he necesitado. Mi encanto y esta lengua viperina que la diosa genética me ha dado me han conseguido todo lo que he querido, desde ligues a puestos de trabajo. Y a pesar del michelín vitalicio de mi barriga y de los jamones que tengo por muslos, estoy bastante buena. Porque hay gordas que también están buenas. Que no os digan lo contrario. Os están mintiendo.

lunes, 5 de mayo de 2014

Comer plátanos, pinchar condones, camelar pardillas y pegar a tu mujer sin matarla

Detrás de este título ecléctico y pintoresco se encuentra nada más y nada menos que un resumen sucinto de la misoginia de la semana en España (de la última semana, porque cada semana se nos nutre altruista y prolíficamente de nuevos ejemplos).

La verdad, todo hay que decirlo, es que la semana pasada no empezó mal en cuanto a lo que concierne a la lucha contra prejuicios retrógrados y milenarios. El anterior domingo, un iluminado tuvo la gran idea de lanzar un plátano al futbolista brasileño Dani Alves cuando este se disponía a lanzar un córner durante el partido Villarreal-Barcelona, como “sutil” insinuación de que estaba ante un mono en un zoológico. Pero el jugador estuvo rápido de reflejos, y convirtió la intencionada humillación xenófoba en un acto simbólico de denuncia del absurdo racismo que campa a sus anchas en las gradas de muchos estadios de fútbol, al coger el plátano del suelo, pelarlo y comérselo. Gracias a esta ocurrencia de Alves, surgió una campaña contra la xenofobia, después de que Neymar, otro futbolista brasileño que juega en el Barça, colgase una fotografía suya con un plátano en Twitter con el hashtag #TodosSomosMacacos (Todos Somos Monos), en claro signo de apoyo a su compañero de equipo. La red se inundó de fotografías similares de celebridades y anónimos, y para mí, a pesar de que haya trascendido que la idea del lema y de la foto de Neymar fuese de una agencia publicitaria (hay que aplaudir cuando una campaña sirve para agitar conciencias además de para vender un producto) todo hubiera quedado en una anécdota con final feliz (si es que el racismo en deportes como el fútbol se puede considerar anecdótico cuando se oyen insultos peores que “mono” todos los fines de semana en los campos y muchos clubes toleran la existencia de agrupaciones de aficionados con idearios fascistas) si no fuera por la avalancha de chistes generados acerca del concepto de “comer plátanos”, que reveló una vez más la cantidad de prejuicios machistas profundamente arraigados en la ciudadanía española.

Mariló Montero, presentadora de Las Mañanas de La 1, fue uno de los personajes famosos que se comió un plátano contra el racismo. Y lo hizo en directo, ni corta ni perezosa. No seré yo quien salga a defender el de sobra conocido cutremesianismo demagógico de media mañana de esta señora a la que le gusta “toda la gente” (menos Anne Igartiburu, claro) pero no todos los animales (véanse los toros torturados en el Toro de la Vega de Tordesillas), que cree que el alma puede transmitirse con el trasplante de órganos y que confunde el Miño con el Nilo y normalmente, churras con merinas. Pero desde luego, muchos de los comentarios jocosos realizados tras su muestra de apoyo a Dani Alves, fueron tan bochornosos y dignos de ser criticados como el peor de los absurdos comentarios pontificadores de Mariló Montero.

No tardó Twitter en anegarse de perlas machistas trayendo a colación el manido símil sexual y, cómo no, deduciendo que la habilidad profesional con la que esta presentadora ha conseguido su puesto no es precisamente la periodística. Ilustraos:

Mariló Montero comiéndose un plátano? y qué? cada uno busca el éxito con las herramientas de las que dispone.

“Si Mariló Montero se come un plátano en directo, a saber lo que se come detrás de las cámaras.

“Mariló Montero se come un plátano en directo para rememorar el día que fue contratada por TVE.

“Mariló Montero se ha comido un plátano en directo porque se lo ha confundido con una polla.

“Marilo escupió el plátano antes de comérselo delante de toda España. Ya sabemos cómo llegó a donde está.

“Mariló Montero haciendo un Mariló Montero, ahora viendo la destreza comiéndose un plátano entendemos por qué sigue en su puesto de trabajo.”

“No sé de qué os sorprende el arte con el que Mariló Montero se come un plátano, ¿cómo os creéis que ha llegado hasta ahí?

“No me hace falta ver a Mariló Montero comiendo un plátano para saber cómo ha llegado a ser presentadora de TVE. Se intuía ya.

No es necesario que remarque que lo más probable es que todo hubieran sido aplausos y loas si, en lugar de una presentadora de más de cuarenta años de físico llamativo y cuya ropa interior entrevista en directo ya fue Trending Topic, el plátano se lo hubiera comido, por ejemplo, un presentador de informativos en “prime time”. Y es que lo que me molesta no es que se metan con Mariló por sus gazapos y salidas de tono, sino, en este caso, simplemente por ser mujer. Bueno no, no sólo por ser mujer, sino por ser una mujer con éxito profesional, que es lo que evidentemente molesta a los próceres del patriarcado. Y eso que Mariló se pone cada mañana el delantal para trabajar…

Pues sí, la semana empezó calentita, y entró en combustión con el nuevo anuncio de la marca de ropa (por decir algo) barcelonesa Desigual, que bajo el lema “Tú decides” y “La vida es chula”, y coincidiendo con la cercanía de la festividad del Día de la Madre, muestra a una chica probándose ante el espejo un vestido de premamá con un cojín debajo, simulando estar embarazada, previamente a sacar en pantalla un alfiler y unos condones para pincharlos, y supuestamente, conseguir que su deseo de ser madre se haga realidad.  Este despropósito de anuncio se une a los anteriores en la misma línea sexista de esta marca que paradójicamente pretende vender sus prendas a las mujeres a base de ofender su inteligencia (por si sus horribles diseños fueran poco insulto a la inteligencia de cualquiera que no sea daltónico).  Si atendemos a los últimos mensajes de Desigual, los planes de éxito vital de las mujeres pasan por cosas como pinchar condones para quedarse embarazadas o tirarse a su jefe. Exactamente igual que el éxito de Mariló, si atendemos a los comentarios de Twitter. Una mujer no puede conseguir nada sin mantener relaciones sexuales con el sexo opuesto, por lo visto. (Por cierto, la publicidad de Desigual sería perfectamente PROVIDA si no fuera por el hecho insignificante de que si empezamos a pinchar condones en masa, quizá un porcentaje importante de la población acabe muriendo de SIDA, sífilis o gonorrea, ¿no?).

Y es que parece que nos lo buscamos. Si no, que se lo pregunten a Alfonso Rojo (sí, el energúmeno que le dijo a Ada Colau que estaba demasiado gorda para defender los derechos de personas que se han quedado sin hogar), director del diario online Periodista Digital, que esta misma semana publicaba una noticia titulada "Un falso novio de postín camela a una pardilla en Barcelona y se la lleva de esclava a Rumanía" ilustrada con una fotografía de una chica amordazada digna de cualquier página web de pornografía. No es que la mujer haya sido violada, y vejada, es que se ha dejado… engañar, claro. Al igual que todas esas mujeres que en lugar de ser asesinadas por sus novios o maridos mueren a manos de sus presuntas parejas. Que vamos provocando, oiga.

Captura de la noticia de Periodista Digital, cuyo titular y fotografía fueron "corregidos" al poco rato de ser publicada


Eso nos pasa por reclamar cosas tan peregrinas como libertad de decisión y actuación o la igualdad de derechos. Hace años, cuando nuestros maridos nos mantenían a raya dentro de casa y éramos sumisas cuando nos casábamos, esto no pasaba. O así lo cree el cura de Canena, cuyo sermón durante una comunión consistió en lo que sigue: “Hace tres décadas a lo mejor un hombre se emborrachaba y llegaba a su casa y le pegaba a la mujer, pero no la mataba como hoy. Hoy es que la mata. O él a ella o ella a él. ¿Por qué? Porque antes había un sentido moral y hoy no lo hay. Antes había unos principios cristianos y antes había unos valores. Y antes se vivía los mandamientos y una persona tenía una formación cristiana, y aunque se emborrachara, sabía que había un quinto mandamiento que decía no matarás”. Pues eso, que no podía faltar el día santo para culminar la semana misógina. Como dice el refrán, a Dios rezando y con el mazo dando.

lunes, 17 de marzo de 2014

Amores inoperativos

La historia que cuenta Her, la última película de Spike Jonze, es peculiar. Trata sobre un hombre divorciado y con el corazón roto que se enamora de un sistema operativo. De una sucesión de bits que se traducen en una voz agradable (no como la irritante de la tía del GPS, claro). Sí, admito que dicho así, suena raro. De hecho, Her ha provocado comentarios de rechazo en más de uno. Yo misma he oído a algunas personas referirse a su premisa argumental como una chorrada, una tontería absoluta. Es que enamorarse de un sistema operativo es imposible. ¿Cómo te vas a enamorar de IOS (porque de la mierda esa de Windows 8 ni de coña...)? Y eso que los que están dispuestos a gastarse más de 600 euros en un iPhone nuevo cada dos años son legión. Pero tenéis razón, en ese caso no estamos hablando de amor. Lo que tú sientes se llama obsesión. 

A lo que voy es a que me ha llamado mucho la atención que haya tantas personas que se hayan quejado sobre la verosimilitud de Her. Y no porque considere probable, ni siquiera factible, que las personas acabemos enamorándonos de sistemas creados artificialmente. Pero es que cuando la Bella se enamoró de la Bestia o el príncipe Eric de la Sirenita Ariel nadie se quejó. La cuestión es que el 99% de las historias de amor que nos cuentan en las películas o novelas románticas son mucho más inverosímiles que Her. Las ranas no se convierten en príncipes azules ni de ningún otro color y los infieles empedernidos no van a cumplir la promesa de fidelidad eterna. Simplemente no ocurre, ni ha ocurrido nunca, y todavía se sigue creyendo que sí, que es posible.

Existen muchos amores que beben directamente de la inverosimilitud. De las falsas esperanzas. De ahí que una chica aparentemente normal crea que es una auténtica gilipollez enamorarse de un sistema operativo, pero pueda llevar años enamorada de un cabrón que la ningunea, o que la engaña, o que incluso la maltrata. O que simplemente no la quiera. Sueña con que le vaya a pedir matrimonio con un mensaje dejado por la estela de una avioneta acrobática en el cielo o introduciendo un anillo de compromiso de 10.000 dólares en una copa de champán. Igual que en las películas románticas sensatas, canónicas y creíbles, no como Her...

Porque la verdad es que a mí sí que me resulta inverosímil que haya mujeres que se enamoren de hombres egoístas, que las manipulan, las ignoran, las utilizan, las exhiben o les mienten. O de chulos ciclados de gimnasio que no han leído un libro en su vida. O que haya hombres que se enamoren de mujeres egoístas que los manipulan, los ignoran, los utilizan, los exhiben o les mienten. O de maniquíes multioperados con tetas de plástico que no han leído un libro en su vida. (En general, me parece increíble que os enamoréis de gente que no lee. O que no le gusta el cine. O que no tiene aprecio por la cultura. Pero ese es otro tema). Lo que intento deciros es que hay tropecientos miles de personas más inhumanas y artificiales que un sistema operativo. Y que hay tropecientos miles de personas que se enamoran de esas personas horribles y superficiales. ¿A que bien pensado lo de Her no es tan raro? Es incluso preferible como alternativa a ciertos/as hijos/as de puta que os están jodiendo la vida ahora mismo a algunos/as de vosotros/as.

La mitología romántica disneyana y hollywoodiense combinada con la baja autoestima convierte en posible que mucha gente se enamore de cualquier COSA. Que haya niñas dispuestas a matar o a matarse por Justin Bieber. Que yo haya ido en mi juventud a más de un concierto de los Backstreet Boys (¡¡¡más de uno!!!!). Que creáis que vuestra pareja va a cambiar. Que creáis que el ex que os dejó por whatsapp va a volver con vosotros. Que creáis que lo de follarse a vuestro mejor amigo ha sido un error del que se ha arrepentido y que no se volverá a repetir. Que se os haya pasado por la cabeza que tener un hijo puede revivir una relación muerta. Que hasta Hitler se hubiera sacado novia. Comparada con todas estas abominaciones Her está mucho más cerca del realismo que de la ciencia ficción.

Y es que muchos no estáis enamorados de una persona, sino de la idea que tenéis en vuestra cabeza de la misma. Una idea. De enamorarse de una idea a un sistema operativo, ¿cuántos pasos hay? 

P.D: Me pregunto cuántas de esas personas que se han reído del argumento de Her han alimentado a un Tamagochi.

http://cheezburger.com/8023234048


miércoles, 22 de enero de 2014

Machismo alfa en fase beta


Venimos de un "annus horribilis" para los objetivos de la lucha feminista en España. En un solo año hemos retrocedido décadas en la percepción social de la mujer y sus derechos como tal. 2013 empezó arrastrando importantes reducciones en las partidas presupuestarias destinadas a la persecución de la violencia machista (a finales de 2012 habían disminuido un 28% desde 2010), y la puesta en marcha de las tasas judiciales, que sumadas a la crisis económica dificultan aún más el inicio de cualquier acción legal por parte de la mujer (reclamaciones en el divorcio, denuncias por acoso o cualquier tipo de discriminación, etc.). La mala prensa de la Ley de Tasas Judiciales, que hubo que revisar, no detuvo el afán "reformador" del Ministro de Justicia, Ruiz Gallardón, que presentó un proyecto de reforma absolutamente reaccionaria del Código Penal (aprobado el pasado septiembre en Consejo de Ministros), que si finalmente entra en vigor, tendrá también graves consecuencias para las mujeres. Sobre todo, porque introduce cambios que van en detrimento de la Ley de Protección Contra la Violencia de Género aprobada en 2004, como el hecho de que directamente se elimine el concepto de violencia de género, de que agredir a la mujer delante de los hijos deje de ser considerado un agravante, o de que se contemplen como atenuantes el consumo de alcohol y drogas o el ir a entregarse a la Guardia Civil tras cometer el delito, u otros oprobios como que las lesiones pasen a ser ¡"faltas leves de ámbito privado"! (o lo que es lo mismo: lo que pasa en casa se queda en casa, donde se lavan en secreto los trapos sucios al más puro estilo franquista...). Gallardón nos tenía preparado además un regalo sorpresa de Navidad, el ya archiconocido Anteproyecto de Ley de Protección de la Vida del Concebido, que básicamente vuelve a considerar el aborto como un delito despenalizado en ciertos supuestos (cada vez menos, ni siquiera las malformaciones fetales graves) y no como un derecho de la mujer.

Posiblemente todavía os estéis preguntando no solo cómo es posible que este tipo de leyes tan retrógradas se hayan abierto camino en pleno 2013, sino cómo es posible que el PP siquiera se haya atrevido a proponerlas ante la ciudadanía. Lo que yo me pregunto es lo contrario. Cómo no van a ser posibles este tipo de retrocesos en un país en el que miembros de los partidos de la oposición son igual de machistas que la más extrema derecha. En el mismo 2013, un concejal del Bloque Nacionalista Galego se refirió a la vicepresidenta del Gobierno como "chochito de oro", un diputado innombrable del Congreso por UPyD aseguró que la mayoría de las denuncias por violencia machista son falsas, otro diputado, en este caso socialista, bromeó sobre hacerle "escrache" a una famosa actriz para "ver si la convencemos de que aunque no se quiera, sí se puede" (vamos, una broma sobre violaciones, por si no queda suficientemente claro).


O cómo no va a ser posible en un país en el que hasta encontramos machistas entre las autoridades encargadas de proteger a las mujeres contra las agresiones. Aunque parezca mentira, también en 2013 un policía de Huelva que trabajaba con víctimas de la violencia de género escribió lo siguiente en su cuenta de Twitter: "El truco está en escucharlas como psicólogo y follártelas como si te estuviesen pagando"


Y cómo no va a ser posible el mismo año en el que el ignominioso libro "Cásate y sé sumisa", editado por el Arzobispado de Granada, llegó a ser el más vendido en España tan sólo a dos semanas de su publicación aquí. El mismo año en que vimos un horda de manos anónimas sobarle sin pudor las tetas a una chica en las fiestas de San Fermín, y el mismito en el que descubrimos el aumento de la violencia de género entre los menores de edad (sólo en el primer semestre de 2013 fueron encausados 85 menores por machismo violento).

Sin embargo, ¿cuántas veces has escuchado el año pasado o este que acabamos de estrenar comentarios como "no seas exagerada, estamos en pleno S.XXI, el machismo ya está erradicado" en respuesta a cualquier queja que hayas expresado ante una actitud machista que hayas detectado (en las políticas públicas, en el trabajo, en tu pareja, en un amigo/a... donde sea)? Seguramente muchas más veces que una. Y probablemente esas frases hayan venido de personas que suelen repetir a menudo a las mujeres que dan a entender su descontento ante algún tipo de agravio, frases como las siguientes:

"Seguro que estás con la regla"
"Estás desquiciada/ amargada/ malfollada / de los nervios"
"Relájate, no es para tanto"
"Existen problemas y debates más graves" (claro que sí, no hay nada que supere el número de niños por segundo que mueren de hambre en el Tercer Mundo, es mejor que no nos quejemos de nada más...)
"Te lo tomas todo demasiado a pecho"
"Eres demasiado sensible/ quisquillosa/ picajosa/ dramática"
"¿Seguro que lo tuyo no es algo hormonal?"
"Era sólo una broma. No tienes sentido del humor"
"Estás histérica/ desquiciada/ neurótica/ desequilibrada"

Y mi favorita, por ser la más repetida: "No es lo que parece, ¡estás loca!". Esta viene con mutación moderna incluida: "loca del coño". Que se lo pregunten a los dos periodistas que este lunes 20 de enero publicaron un elocuente artículo titulado "Cómo reconocer a una loca del coño" en el blog que mantiene uno de ellos para una revista de tirada nacional.

Y es que no os lo perdáis, el machismo de este vanguardista y progresista S.XXI en el que vivimos viene disfrazado de buen rollo, de ironía "cool", de consejos de estilo de vida, de referencias de la cultura pop y listas, muchas listas (y es que parece que los artículos periodísticos divididos en párrafos han sido definitivamente sustituidos por sucesiones de listas), como la de "Tipos de mujeres poco recomendables" que se ha ido publicando periódicamente en ese mismo blog. Atención a su clasificación de mujeres de las que hay que huir, porque no tiene desperdicio. Estos son solo algunos de los tipos de mujeres sobre los que advierte: 


Esta última entrada va en total consonancia con la entrega más reciente, la de la "loca del coño", y empieza de una forma que ilustra perfectamente ese fenómeno inseparable del machismo que busca la desacreditación de la mujer acusándola de inestabilidad mental: 


"Sé lo que están pensando. ¿Qué hace este fulano dedicando una categoría a La Histérica cuando histéricas son todas? " 
No entro a valorar los citados escritos. Si tenéis a bien leerlos, sacad vuestras propias conclusiones. 
Pues eso, el machismo del S.XXI va mucho más allá de agresiones sexuales, violencia "doméstica", piropos obscenos, acoso sexual en el trabajo, trata de blancas, moralismo católico, leyes reaccionarias, discriminación laboral y otras formas fácilmente reconocibles de opresión y explotación de la mujer. En el S.XXI hay demasiadas actitudes machistas y demasiados machistas que no identificamos como tales, y que quizá ni siquiera ellos mismos sepan que lo están siendo. El machista posmoderno es un machista de baja intensidad o como a mí me gusta llamarlo, de liberación lenta, como los antibióticos, pues va actuando poco a poco sin que lo percibamos. La mayoría de las veces nos reímos incluso de sus chistes. Son graciosos. Y los disculpamos diciéndonos a nosotras mismas: "seguro que no lo dice en serio". Cómo va a ser en serio, si lo ha aclarado con un emoticono ("Como te vayas con otro te mato, so zorrón :P").

No importa cuál sea el insulto machista. Si puta, o guarrilla, o frígida, o estrecha, o calientapollas, o arpía, o bruja, o marimacho, o pirada. Si se profiere en un contexto de humor y se le aplica una pátina de sarcasmo, todo vale. No es machismo.


Cómo se juzga a las mujeres por su vestimenta. Foto de Rosea Lake

Y precisamente lo que hace este tipo de machismo el más peligroso, a pesar de que como se encargan de remarcar los machistas "light" no mata ni viola a nadie, es el hecho de que sea tan difícil de reconocer. Que se considere que no existe. Estoy convencida de que es precisamente la relajación en los últimos años en la vigilancia y reprobación pública de este tipo de actitudes pasivo-agresivas la que ha permitido el rebrote del MACHISMO OFICIAL Y CON MAYÚSCULAS encarnado en las nuevas las leyes de Gallardón (que no olvidemos que pertenece a un partido que gobierna porque lo han votado nada menos que 11 millones de españoles). Que sigamos poniendo nosotros la lavadora porque el no entiende cómo funciona, que sigamos siendo nosotras las que por defecto dejamos de trabajar en caso de que tengamos un hijo con nuestra pareja, que se minimice y ridiculice el movimiento feminista a diario en las redes sociales con calificaciones como bolleras, feminazis o hembristas; que permitamos que nos traten con paternalismo y condescendencia, que abusen de nuestra confianza... todo eso es machismo, sin más. Micromachismo, si preferís un término "ad hoc" y más riguroso. Pero machismo al fin y al cabo.

Y los machistas ya no son sólo los clásicos albañiles que te gritan improperios en la calle o los cincuentones que babean frente al escote de las jovencitas. Hay muchos machistas con carreras universitarias, considerados incluso intelectuales y que tienen profesiones de prestigio (como esos políticos, ese policía o esos periodistas nombrados a lo largo de este artículo), incluso con gustos refinados (distinguen varios tipos de tintos y le echan muchos condimentos al gin-tonic), que se preocupan por combinar las prendas que se ponen y no se rascan los huevos en público. Vamos, que no son el típico macho alfa, al que se le ve venir de lejos. Es un macho en fase beta, por así decirlo, cuyo machismo es mayoritariamente latente, y que incluso puede decir defender las mismas causas feministas que tú. Pero eso sí, después de todas las causas habidas y por haber, desde la liberación del Tíbet hasta la lucha contra el cambio climático. Cuando estén resueltos todos los graves problemas que acucian al Planeta Tierra ya  todos los seres unicelulares que lo habitan podremos ocuparnos de los derechos de la mujer.

Muchos de ellos son lo que podemos calificar de "solteros exigentes", que bien es cierto que no quieren encontrar a una mujer que sólo esté buena (que también), sino que sea lo suficientemente inteligente para admirarlo pero no lo demasiado como para hacerle sombra, que pille las referencias culturales rebuscadas de sus chistes para que pueda reírse con ellos a carcajadas y alimentar así su ego, que lea los mismos libros y escuche los mismos discos que él para que pueda alabar su buen gusto, que vista de forma elegante pero sexy, que tenga un trabajo para que no tenga que mantenerla (machismo sí, pero que no les afecte al bolsillo) pero que tampoco gane más que él (uno tiene su caché), que no se acueste con otros pero que no se ponga estricta con lo del compromiso (AKA que ellos sí puedan acostarse con otras y puedan así estirar al máximo su peterpanismo), que no tenga celulitis pero que no diga ni mu de su barriga cervecera y lo más importante, que la chupe, pero que no pida que se lo coman (sobre todo si no le huele a lo mismo que huelen las nubes). Por algo están solteros.

Lo más grave es que cuando reconocemos a uno de ellos y le señalamos su error, normalmente le quita hierro, y por una suerte de sortilegio de manipulación emocional consigue darle la vuelta al asunto y hacernos sentir culpables a nosotras por hacernos la víctima o reaccionar exageradamente. "La mujer siempre es víctima", decía Gallardón. Como las cosas sigan este camino, al final va a ser cierto. 


No podemos quejarnos... Magistral viñeta de La Pulga Snob (Argentina)